miércoles, 14 de septiembre de 2011

Esas cosas.

El recibimiento de mi perrita al llegar a casa, como si no hubiera nada mejor en el mundo que yo.
La sonrisa de mi marido cuando le miro.
El canto del cuco al salir al campo por las mañanas.
El ligero sabor de un café de Colombia.
Un buen cine en grata compañía.
Una cena de amigos.
Ver una puesta de sol con una copita en la mano.
Navegar.
Recibir una llamada inesperada.
Contemplar un imponente cuadro.
Llevo media mañana intentando hacer una lista de cosas inmensamente agradables. Para contrarrestar la mierda que veo a mi alrededor. Y me salen muy pocas. La mente se aturulla. La negatividad no se convierte en positividad por sí sola, y no gana adeptos, no hay club de fans de la negatividad; y sin embargo abunda sobremanera por estos mundos de Dios. Qué contradictoria es la vida en ocasiones.

Veintitrés de 30. Round here.

martes, 13 de septiembre de 2011

Perdonar.

Acción complicada la de perdonar.
Mucho más que pedir perdón.
Dar marcha atrás. Recular.
Tirar a la basura el muro de acciones, palabras malsonantes.
Deshacer las ideas preconcebidas.
Desenfadarse, sin comer ajos.
Si la gente fuera consciente de lo bueno que es para la salud, habría muchos perdones por el mundo.
El resentimiento corroe el espíritu, mina el ánimo.
Nos quita unos milímetros de sonrisa.
Modifica el gesto, que ya no es tan amable, crea arrugas.
Envejece.
Despreciar a alguien de por vida es grotesco.
La vida es cortísima en minutos pero eternamente larga en desgracias, desmanes...
Se vive mucho mejor sonriendo, tratando bien a la gente.
Se vive mucho mejor estando en paz.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Tempus.

No hay mayor error que creerse en la verdad. Por muchas razones. El destino, entre otros, juega malas pasadas a los engreídos. A los que, en general, se creen superiores a otros. Debe ser que es malo tanta grandeza de espíritu y mente individuales. Además, todo es cuestión de paciencia. Si, al final del camino, nuestra verdad era LA VERDAD, el tiempo se encargará fehacientemente de mostrarlo. Bendito tiempo.

Opinar de distinta forma que quien nos replica enfrente es sano. Considerar que lo que opina el ínclito es una genuina gilipollez no es que sea insano, es que es del género tontil. Lo propio, por naturaleza o simple estadística, puede ser tan erróneo como propiamente cierto y veraz la opinión contraria. Y la base para que una opinión personal, por muy arraigada que se encuentre en nuestro soberano cuerpo, sea verdad universal es una falacia, y no posee fundamento.

Intentar amoldar, aunque sea imaginariamente, la opinión ajena a nuestro modus vivendi y comprobar que no nos sirve o convence empieza a ser inteligente. Comprender a la primera que existen otras vidas, otras mentes, tan valiosas como las de uno mismo es empezar a poder moverse por el mundo, socializar. Y volver la vista para comprobar la eficiencia del pensamiento ajeno es la supremacía. Un espacio reservado a pocos. Pocos, pocos.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

No somos nadie.

No somos nadie. Frase manida. Sin embargo, es bien imprescindible. Vuelvo del verano y me encuentro con sucesos imprevistos. Un ataque al corazón, una muerte súbita. Una amiga mía con su hija adolescente luchando contra un cáncer voraz. La misma muerte de mi madre, hace ya años, tan repentina como inoportuna. Acasos que transforman la vida de uno. Un día era alegre, al día siguiente impredecible.

No somos nadie. Y si somos, aprovechamos pobremente los momentos. Que alguien analice los "te quiero" que le faltan por decir suponiendo que mañana no se encuentre en este mundo. Tropecientos, podría poner la mano en el fuego.

Y el tiempo vuela. Y no somos nadie. Carpe diem, señores. Sonreir, besar, acoger, mimar, cuidar, proteger, educar, mostrar, abrazar, querer, conversar, acompañar, acompasar, pedir perdón, perdonar. Disfrutar. Dar cariño, esa mezcla española perfecta de amistad, amor y afecto.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Imbecilidad emocional.


Una, dos, tres, más de diez. ¡Sí, sí! He vuelto a hacerlo mal. Me pregunto si los de mi alrededor también hacen las cosas mal una y otra vez. O si soy simplemente imperfecta en términos humanos.

Bien sé que se aprende de la experiencia, más de los momentos malos, que tendemos a analizarlos paso a paso, sin clemencia, hurgando en la herida impulsivamente. Pues ni con esas. Aprendo, re-aprendo, medito, convierto una máxima en algo muy personal, aparece de nuevo la ocasión y, ¡zas! "Vamos, Elena, a hacer lo mismo de siempre, eso que te da tan buenísimos resultados..."

Es entonces cuando me pregunto por los diversos tipos de inteligencia del ser humano y me planteo seriamente que carezco por completo de alguno que ha debido pasarme desapercibido. O que no fuí a clase el día que lo enseñaron. O que hay un tipo de inteligencia emocional que mi cerebro no admite.

Puede que simplemente me encienda la situación en la que me veo encajonada y quiera hacerlo mal por molestar, por fastidiarme a mí mísma. El ser humano es único en hacerse aún más daño en una situación que le desfavorece o no le gusta. ¿Por qué? Porque sí, por venganza, por manifestarse, por protestar. ¿Y a quién se ataca? Pues a uno mismo, que está muy cerquita, muy a mano.

¿Que las circunstancias vienen mal dadas? Pues a comerse dos huevos fritos, que son los que peor me sientan... Imbecilidad emocional.