Bienvenido al reino del violeta y la lavanda... deja tus prejuicios y pasa... sin miedo...
viernes, 29 de julio de 2011
jueves, 28 de julio de 2011
Lista de necesidades.
En mi tónica habitual, decidí empezar la mañana quejándome. Por si acaso. Por si caía algo, que nunca se sabe. Y un valiente amigo mío me dijo -en un arranque de locura insospechada- que qué necesitaba, con lo que he acabado comprometiéndome a hacer una lista de necesidades, al menos para su deleite, empolle y posterior ejecución de aquellas (necesidades) que le plazca otorgarme, que pueden resultar ser en número de una o ninguna. Nos movemos en esa ancha banda, pues ya nos conocemos de algo.
Puesta ávidamente a la labor de confeccionar una larguísima lista comprensiva de lo que necesito y lo que no necesito, pero quizá pase a necesitar en un futuro (siempre, por si las moscas); me puse -encantada- manos a la obra sobre documento en blanco de word. Y me encontré con problemas. A saber: lo único que de verdad quiero en esta vida es inconfesable, aunque sea un secreto a gritos para los que me conocen bien. De las otras necesidades ya confesables, pues me parecen casi todas una soberana chorrada. Listarlas y dejar constancia de ellas se me antoja una patente "gilipolluá".
Me queda sólo una cosita que necesito y que puedo plasmar tranquilamente en un documento: que mis amigos, los que me quieren de verdad, tal cual sóy, con todos, todos, todos mis defectos, sigan estando a mi lado. ¿Os ha quedado claro?
Puesta ávidamente a la labor de confeccionar una larguísima lista comprensiva de lo que necesito y lo que no necesito, pero quizá pase a necesitar en un futuro (siempre, por si las moscas); me puse -encantada- manos a la obra sobre documento en blanco de word. Y me encontré con problemas. A saber: lo único que de verdad quiero en esta vida es inconfesable, aunque sea un secreto a gritos para los que me conocen bien. De las otras necesidades ya confesables, pues me parecen casi todas una soberana chorrada. Listarlas y dejar constancia de ellas se me antoja una patente "gilipolluá".
Me queda sólo una cosita que necesito y que puedo plasmar tranquilamente en un documento: que mis amigos, los que me quieren de verdad, tal cual sóy, con todos, todos, todos mis defectos, sigan estando a mi lado. ¿Os ha quedado claro?
miércoles, 27 de julio de 2011
martes, 26 de julio de 2011
Maravillosa infancia.
Por fín había llegado. Siete largas horas de coche a sus espaldas. Bajó del coche y cogió aire. Contempló la casa, tan majestuosa como la recordaba. Mientras hacía un recorrido visual a los alrededores, un impertinente escalofrío pujaba por subir. Decidida a no volverse atrás, se encaminó a la puerta y abrió la cerradura con no poca dificultad. El olor, tan familiar, a madera mezclada con barro cocido hizo que diera un paso atrás. "No vas a darte media vuelta, ni en broma", se dijo.
Con gesto decidido, deshizo el paso en falso, abrió la puerta del todo y entró. Contempló la imponente escalera de nogal presidida por los tres tapices que tan bien recordaba desde pequeña. Un torrente de imágenes en desorden comenzaron a pasar por su mente, sin piedad. El caluroso recibimiento al llegar, ese bajar atropelladamente para salir al jardín, gritos, regañinas, risotadas. "Como volváis a bajar saltando los escalones de dos en dos, cobráis...", la voz de la abuela parecía estar ahí mismo, tan burlona como autoritaria.
Subió a la planta de arriba y recorrió el largo pasillo, con esos ojos que no quieren ver, hasta llegar al salón. Su mirada se encontró de bruces con el sillón. Tantas veces se había sentado en el suelo, a lado de él, acompañándole junto con el perro. Horas y horas de charla, escuchando antiguas historias. Podía recordar con nitidez a su abuelo, tan apuesto. El bigote blanco impecable, los ojos azules limpios y sabios. Y ese amor que sólo los abuelos pueden dar, desinteresado.
"Si pudiera dar marcha atrás, volvería a tener cinco años. Viviría todo mucho más despacio. Pegaría a mis sentidos todo lo de esta casa. Si pudiera vivir otra vez esa maravillosa infancia..." Una lágrima cayó en el suelo.
Dió media vuelta y su mente empezó a ordenar mentalmente las labores de limpieza de la casa. Era hora de comenzar. Pronto llegaría el resto de la familia.
viernes, 22 de julio de 2011
jueves, 21 de julio de 2011
Rendirse.
Coger al toro por los cuernos. Rescatar lo bueno en los malos momentos. Acompasar el trote. Respirar.
En ocasiones veo muertos. No. No te desvíes del tema. En ocasiones llega la hora de rendirse. Sacar bandera blanca, decir adiós, cerrar la puerta y abrir otra. ¿Cuál? Cualquier otra que no te deje ver la que has cerrado.
La rendición tiene algo de frustración, fracaso y cambio. Innegables ventajas, también. No todo puede ser malo, aunque pongamos todo el empeño en ello.
Los cambios son buenos en la medida que amplían la perspectiva, renuevan el aire viciado por esa tozudez tan propia de quien ha erigido su objetivo en primordial . Cambiar para coger otro camino más ancho, fácil y accesible, más apropiado al devenir del destino singular de uno mismo.
Ni que decir tiene que alejarse del objetivo ese que no se logra desenvenena el espíritu, alegra en parte el alma y los ojos descansan, tornándose ciegos de pronto frente ese objetivo interrumpido. Descansar. Dejar hacer de otro modo.
Cuando termine el año que viene, habrá llegado el momento de rendirme. Voy preparando el terreno.
En ocasiones veo muertos. No. No te desvíes del tema. En ocasiones llega la hora de rendirse. Sacar bandera blanca, decir adiós, cerrar la puerta y abrir otra. ¿Cuál? Cualquier otra que no te deje ver la que has cerrado.
La rendición tiene algo de frustración, fracaso y cambio. Innegables ventajas, también. No todo puede ser malo, aunque pongamos todo el empeño en ello.
Los cambios son buenos en la medida que amplían la perspectiva, renuevan el aire viciado por esa tozudez tan propia de quien ha erigido su objetivo en primordial . Cambiar para coger otro camino más ancho, fácil y accesible, más apropiado al devenir del destino singular de uno mismo.
Ni que decir tiene que alejarse del objetivo ese que no se logra desenvenena el espíritu, alegra en parte el alma y los ojos descansan, tornándose ciegos de pronto frente ese objetivo interrumpido. Descansar. Dejar hacer de otro modo.
Cuando termine el año que viene, habrá llegado el momento de rendirme. Voy preparando el terreno.
martes, 19 de julio de 2011
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